dimarts, 25 de febrer de 2014

Jornada de debate en Léon sobre El sujeto revolucionario en la crisis del capitalismo.




Dentro de poco, algunos textos.

dilluns, 3 de febrer de 2014

Notas desordenadas sobre el proletariado en harapos


Los que hemos vivido y trabajado profesional ( maestro) y políticamente ( comunista) en las barriadas obreras conocemos por experiencia con que facilidad se pasa de una categoría social ( proletariado) a otra (lumpen-proletariado). Hemos visto y vivido, incluso intervenido en procesos vitales donde los hijos de un "lumpen" pueden ingresar en la clase trabajadora ( ahora uso ese término solo en su acepción estrictamente socio-económica: lugar en las relaciones de producción, economía moral, estatus, poder de compra...) y a la inversa. 

En el primer caso, complejos mecanismos de socialización y de a-culturación (incluída la escuela) ayudan a ese proceso de ascenso social. En el segundo caso, el paro de larga duración, la droga, la existencia de mecanismos de socialización "negativa" ( digámoslo así) como pueden ser las pandillas, el fracaso del sistema escolar y tantos otros fenómenos negativos ayudan a la formación de ese grupo social.

También conocemos infinidad de casos en que el trabajo de una organización política  juvenil ( comunista, por ejemplo) crea las condiciones para que un "lumpen" ingrese en la clase consciente, en la clase "para sí", sin ni siquiera haber ingresado en la clase "en sí". Por desgracia ni en los momentos más álgidos de los CJA, estos casos no fueron muy significativos a nivel porcentual. Si le añadimos la práctica extinción ( una desgracia, yo lo vivo como una desgracia) de las organizaciones juveniles comunistas actuales, la situación apunta a conclusiones pesimistas.

El hecho de que lumpen ( "harapo, trapo") sea palabra alemana, que la crease Marx  y tanto él como Engels y Lenin la utilizasen en forma excesivamente tajante y aristocratizante hace  que numerosos "sociólogos" aficionados le otorguen por ese accidente lingüístico un aura de  "cientificidad". A mi, particularmente, el término no me gusta. Añadamos que su uso actual por parte de determinadas vanguardias intelectuales o por determinadas "élites" políticas de barrio adquiere tonos clasista en la búsqueda de los que Bourdieu llamada la distinción. 

He tenido demasiados alumnos que podrían ser catalogados de ese modo. Todos tenían nombre y apellidos. Quiero decir que no eran categorías sociológicas a manejar fríamente en la asepsia del laboratorio, cual ratas o ranas. Eran y son personas reales. Los que he conocido yo, eran todos, hijos de obreros y de obreras. Algunos acabaron bien, muy bien. Ascendieron socialmente al abrigo de un ciclo de crecimiento económico o de avances significativos de la redistribución de la renta, producto de la lucha de la clase obrera, o, como he dicho como producto de la acción social y cultural de grupos organizados en el área metropolitana de Barcelona ( es el medio social que conozco por experiencia directa; puedo hablar de él). 

Otros acabaron mal, muy mal e, incluso, trágicamente. No explicaré el caso de X, que me golpeó particularmente. 

Las unidades de escolarización externa que proliferaron en los años pasados en los institutos de secundaria estaban llenos de esos seres humanos que algunos distinguidos profesores llaman "lumpen". Era la última estación en la que podían apearse del tren que los llevaba a la marginación y a transformarse en desechos sociales, en carne de comisaría o de cárcel. En clases peligrosas ( véase el libro de Louis Chevalier). 

Hoy, el paro y la precarización laboral dejan sin futuro a capas cada vez más amplias de la juventud. Es un fenómeno que ha dejado de ser coyuntural para transformarse en estructural, sistémico. La búsqueda de la distinción ( Bourdieu) entre gentes leídas y sin futuro puede crear las condiciones para que el palabro "lumpen" vuelva a usarse de forma extensiva y desconsiderada como es en el caso que me lleva a escribir estas líneas. El miedo al abismo produce extraños fenómenos culturales y lingüísticos. 

Me parece que los anarquistas han sido, históricamente más empáticos con el "proletariado en harapos" ( francés: "proletariat en haillons", o "en guenilles"). Según Georges Labica, Bakunin vio en el lumpen el fermento de la revolución ( citando "Estatismo y anarquía", 1873, que yo no he leído). Añadiré algunos ejemplos que sí he leído:



Jack London un socialista revolucionario americano, se mostró bastante más empático con los proletarios en harapos en su "Gente del abismo" ( 1902) que os adjunto. También Frantz Fannon en su Les damnés de la terre (1961). Los Panteras Negras de los USA mostraron en los años 60-70 del siglo pasado como lo que algunos llaman despreciativamente "lumpen" podía constituirse en un sujeto político tan peligroso que el estado se empleó a fondo para exterminarlo. De esos años recuerdo la correspondencia entre Angela Davis y George Jackson. 

Pasolini, en Italia, durante los mismos años nos dejó páginas que no debieran ser ignoradas o olvidadas por nadie que pretenda constituir un sujeto revolucionario en este contexto de paro estructural, de precarización social, de proletarización acentuada de las clases medias, de pobreza estructural, de hambre y miseria. También en Italia, en los años 60, Raniero Panzieri y muchos de los que escribieron los Quaderni Rosi ( no todos, es cierto) nos llamaron al atención sobre la importancia del estudio de la composición social de la clase obrera, que dos dijeron, era algo bastante más complejo de lo el marxismo economicista señalaba. E.P. Thompson ( Costumbres en común o La formación de la clase obrera en Inglaterra) o más recientemente Peter Linebaugh ( La Hidra de la revolución) debieran habernos informado suficientemente sobre el peligro implícito en en el uso inconsiderado del palabro lumpe.

Experiencias más recientes como la de los Sem Terra en Brasil, o las menos conocidas como las ollas populares en Chile, nos muestran como el proletariado "en harapos" puede transformarse en un sujeto social activo, combatiente. Los campamentos Dignidad de Extremadura o de Córdoba transitan en ese camino. 



Me parece importantísmo, capital, central no esclavizarse con conceptos surgidos en otros contextos y fosilizados por un marxismo economicista, evolucionista y (esto es lo que me parece lo peor), elitista.

En su "Diccionario crítico del marxismo" ( PUF; 1999) Labica concluye su recorrido por las recurrencias de ese término en Marx, Engels y Lenin con la siguiente observación: " Hoy se puede juzgar que Marx fue "demasiado despreciativo" como dice Michel Verret ( "L'espace ouvrier", Paris, Colin, 1979, p. 74), notemos que nuevas formas de lucha, tanto en países capitalistas como en países con mayoría campesina y, notablemente, análisis más afinados de la composición de la clase obrera conducen a renunciar al uso del concepto de lumpen. Parece preferible la neutralidad del de "sub-proletariado". Eso lo decía el amigo Georges en 1982 ( primera edición del diccionario). Labica era más sensible, rompedor con el marxismo esclerotizado e innovador hace más de treinta años que algunos actualísimos salvadores mediáticos de la izquierda. 

Más allá de la intención de quien la pronunció ( no lo sabe pero lo hace) el clasismo implícito en la frase que se debate estos días está destinado a tener mucho éxito entre intelectuales en proceso de proletarización ( licenciados y doctores aspirantes frustrados a una plaza en la enseñanza universitaria o secundaria que no llega ni se convoca) y entre élites vanguardistas de barrio en peligro, ellas mismas, de lumpen-proletarización. Ambos sectores sienten en sus cogotes el aliento del peligro de acabar sin oficio ni beneficio. Sin futuro. Y los mecanismos de búsqueda de la distinción, psicológicamente inconscientes, se ponen en marcha. Es por eso que no me parece estar haciendo categoría de una anécdota. 

Nota final que no desarrollo: las lecciones de la vieja historia de los lazzaroni de Nápoles y de su trágica relación con la élite jacobina local durante la revolución partenopea continuan sin ser comprendidas.


Joao Sem Terra

(Nota final: debiera ordenar y pulir estas notas. No tengo el tiempo necesario. Las pongo en circulación por si alguien las considera útiles. Y para recibir la merecida sarta de palos ad hominem que me corresponde).